Juan Cruz y el triunfo sobre la forma.
Juan Cruz y el
triunfo sobre la forma.
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ada obra de arte es una revelación, en ellas se pueden descifrar estados
espirituales, anímicos y psicológicos. Además que muchos sentimientos pueden
quedar codificados y develados en la manera que el artista ejecuta su obra. Muchos
artistas han realizado su obra, inmersos en una profunda lucha. La carga
dramática se puede palpar con la mirada, y aun en sus obras más optimistas, hay
un viso de dolor y amargura, fatiga existencial por la sofocación que su entorno
le provoca. ¿Inconformes con la vida? ¿Con la humanidad? ¿Con la sociedad? Creo
que en todo artista con verdadera vocación, emerge el incontrolable impulso por
denunciar toda actitud contradictoria, que desgarre la naturaleza de su ser y de
quienes le rodean. Así suelen manifestarse quienes nunca comprometen su
discurso con la vanidad y el ocio neuronal, sino que su compromiso es con su conciencia
y con su vocación.
El dice que
no sabe como pinta sus cuadros, y que en cada obra el empieza a aprender a
pintar; creo que él ha dejado que su subconsciente guarde el secreto de su
técnica, de su arte, para salvarlo de la frivolidad y la incomprensión ajena. Desde
las obras más tempranas, donde trató de adoptar la figuración como su manera de
expresión, se puede percibir las primeras escaramuzas que luego se convertirían
en grandes batallas. Puedo traer como primer ejemplo una pequeña obra realizada
en el año 1977, “Retrato de Freddy”, en la intercalación de colores, Juan narra
las contradicciones en su amigo, quien tuviera una existencia bastante sufrida.
Y aun sin proponérselo Juan hurga en esa vida de dolor, revelando con colores
el alma de este muchacho. Bueno, es que
los artistas tenemos la capacidad de interpretar el alma y temperamento de
otros. Lo cierto es que la manera en que Juan pinta este retrato es muestra ya
de su desapego por la representación externa. No es lo exterior lo que le
motiva, sino que mira dentro del alma de su modelo para liberar la verdadera
forma de su ser. En el entorno, pintado de rojo, hay una fuerza extra al drama
de su sufrido amigo, y dentro de la figura la alternación entre verdes y azules
caracterizan lo que intuitivamente describe, lo difícil que suele ser esta vida
cuando no hay esperanza. La expresividad llega a su clímax en el hecho de que
no le pinta boca; y es que en ocasiones el silencio puede resonar aun más
fuerte que un coro de mil voces. ¿Fue silenciado Freddy? ¿En algún momento de
su vida sus labios no sirvieron para clamar por piedad y justicia? Quién sabe,
lo cierto es que Juan nos ha dejado una obra de profundo dramatismo y amplia
expresión.
Ya
Juan ha roto todas las ataduras, y aunque todavía persevera en mantener algo de
la forma exterior, la pintura muestra que no tiene temor ya de expresarse
sacando todo lo que lleva dentro, sin preocupación alguna de cómo se ve exteriormente su personaje. La yuxtaposición de blanco y negro (en ambas manos)
nos muestra que aun en los santos de este mundo, convive un grado de
depravación y maldad. El rostro blanco y negro, nos dice de la contradicción
existente en el interior de quien busca la santidad, pero que todavía sostiene
grandes luchas con su propia carnalidad. Y aunque Juan no profese ninguna
religión, el es portavoz de una realidad que subyace en el interior del ser
humano, y es que: “En este mundo el hombre nunca llegara a ser totalmente
bueno”.
Toda obra que ha intentado
tocar las profundidades del lado espiritual del ser humano, ha chocado
inevitablemente con esa realidad.
Pero Juan Cruz no es un fatalistas, el ve
esperanza y luz aun en los más recónditos y oscuros parajes. El negro es
matizado con brillantes rojos y amarillos. El gris, sirve de medios tonos,
haciendo un perfecto equilibrio que da a la obra profundidad y maestría de
pensamiento y técnica.
En muchas ocasiones los
artistas no estamos consientes de la trascendencia y significación de la obra,
todo lo que queda en el lienzo, es plasmado de forma intuitiva. Esta capacidad
se ha ido desvaneciendo con las tendencias a partir de los años 50 y 60 del
pasado siglo; pero aun hoy sobreviven algunas voces que saben captar y vibrar
en y con las conciencias de los seres humanos.
La obra que cierra esta meditación es “Nada
Cambia”, del 2012. Definitivamente, ya Juan no tiene mucha de la apariencia
externa del arte figurativo que en sus inicios intento adoptar, pero que poco a
poco fue logrando liberarse de la esclavitud de las apariencias externas. Ahora, también se ve como se ha complejizado la composición de sus cuadros. Este
tumulto de seres enmascarados, narra una triste realidad de la sociedad y mundo
que rodea al artista. ¡Cuán difícil se torna para el artista, encontrar
personas que se interesen sinceramente por los demás, o por el mismo! Pero la
desolación, no la ve Juan en su propio interior, como causa de este fenómeno
social; más bien, son los enmascarados los que tristemente deambulan su frívola
e hipócrita existencia, engañando y siendo engañados. La carga emocional
desplegada en este cuadro en una desgarrarte y estremecedora verdad, verdad que
nadie quiere oír, pero que un artista como Juan no teme decir. Y he ahí donde
vemos la sinceridad de quienes se expresan a través de la belleza. El arte
embustero no trasciende, se ve y se siente como una obra vacía y sin sentido. Mucho
arte de hoy carece del verdadero significado, por que ha perdido toda conexión
con las necesidades primarias del ser, en cuanto a la naturaleza del ser se
refiere. El arte contemporáneo ha disociado la estética del ser y razón del
arte, y aunque creo que el arte es mucho más que para combinarlo con cortinas y
sofás, también pienso que debe ser coherente con la razón y las necesidades de
nuestra naturaleza. En Juan Cruz La expresividad no mata la belleza ni el
lirismo de su temática. Mantiene el perfecto equilibrio entre lo que dice y
como lo dice.
Ahora Juan es libre, ahora logra representar en
sus obras el alma de sus modelos, no teme hacerlo porque no incurre en el error
de querer agradar a los que ven su arte. Ni la retina, ni la banalidad son favorecidas
con su arte, ni los burdos gustos por las insípidas decoraciones. A Juan Cruz
no le preocupa nada de eso, solo expresarse libremente, librar su espíritu y la
de sus criaturas. En ese aspecto, Juan triunfó sobre la forma.
Abisay Puentes
Artista
2013.


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